Wednesday, October 12, 2005

Varios días despues...

2/10/2005

Por fin un momento de calma. Estoy en el micro que me llevará a Taba, la frontera entre Egipto e Israel. Acaban de robarme por última vez en El Cairo. Fui al kiosco de la estación de buses (estación es una palabra generosa para este lugar). Compré cigarrillos, agua y unas galletitas. La cuenta ya era alta en comparación en el resto de la ciudad, digamos un 20 o 30% más. El total dio 38 libras. Le di cien. Me dio el vuelto en billetes de 10, 5 y 1 libra, le digo "una libra more". Me dice "Ok" y me da la libra. Me fui a sentar y a tomar un te. Cuando fui a pagar el te me di cuenta. Me hizo el cuento del tio, me dio una libra menos, me distrajo y en realidad me estaba dando 11 libras menos. Así es esta cioudad. Decidí no reclamarle porque no habría servido de nada y porque esas son las reglas del juego del Cairo, nadie te va a robar directamente pero sos extranjero y no hay forma de disimularlo. Sos una billetera que camina.
Al margen de los asuntos del regateo y la viveza, estoy tratando de asimilar todo lo que viví estos días.
Hay tanto, tanto que contar, que describir, que pensar que no se por donde empezar.
Fer, perdón por el desorden pero no voy a ir día por día, o si, no se. Voy a tratar de contar y describir lo que fue esto.
Fue una suerte encontrar a Sandra. Nos lanzamos juntas a la ciudad y pudimos ver algo del verdadero Cairo, ese en el que no hay turistas. Creo que sin Sandra la experiencia hubiera sido distinta y hasta un poco frustrante, no se si podría sola con esta ciudad pero la compañía fue inmejorable. A veces pasa eso, la persona justa en el momento preciso.
Estuvimos por todos lados y caminamos hasta que no dimos mas. Un día tenía 6 curitas en un solo pie.
No voy a contar cosa por cosa, creo que para eso van a ser útiles las fotos y los recuerdos que vayan apareciendo. Tal vez tendría que haber sido más prolija y escribir día por día pero a veces estaba tan cansada que no podía ni pensar, sólo escuchar la sinfonía de bocinas de la ciudad desde el balcón de mi habitación del hotel.
Hace días que visto de negro y que uso remeras sueltas y a veces manga larga a pesar de las altas temperaturas. El choque cultural es fuerte. Creo que si se pudieran subtitular nuestras caminatas por el cairo se leerían cosas verdaderamente fuertes. Por suerte todo lo que entiendo y se decir en Arabe es La (no), Maia (agua) Aiwa (si), Shukran (gracias).
Hasta acá tenía escrito en el cuaderno, es que inmediatamente empecé a sentir el peso de tantos días de adrenalina y casi no podía mantenerme despierta. Así, abruptamente, dejé de escribir para entregarme a la aventura de cruzar el desierto. Creo que tenía la esperanza de que el viaje no captara tanto mi atención para seguir escribiendo en el trayecto.
Nuestros días en El Cairo estuvieron plagados de conversaciones, risas y reflexiones sobre la diferencia entre nuestra realidad y la que se presentaba delante de nuestros ojos. Tomamos taxis locos, fuimos a mezquitas, al bazar de noche, comimos Falafel en la calle, almorzamos a la orilla del Nilo con una amiga de los padres de Sandra en el lugar mas exquisito del Cairo, cenamos con el embajador, comimos comida rápida egipcia y casi siempre el día terminaba cuando ya no podíamos mas.
Una nota aparte es el museo del Cairo. Ahmed resultó ser todo un egiptologo y nos guio en la locura del museo. Obviamente, el lugar es... caotico. Más que un museo parece un almacén y estan depositados ahí los más impresionantes tesoros egipcios. No hay aire acondicionado, no hay solemnes luces y, sin embargo, el museo resulta impresionante. Hay expuestas mas de 120.000 piezas y en los depósitos hay otras 400.000.
Quedamos en encontrarnos con Ahmed justo después del medio día. A la mañana nos fuimos al centro de la ciudad a recorrer un poco y a encontrar el lugar en el que Sandra va a estudiar arabe en los próximos 6 meses. Logicamente nos perdimos y caminamos durante mas de dos horas. Finalmente encontramos el lugar y sólo nos quedaba una hora para almorzar y encontrar a Ahmed en los jardines del museo. No hay lugares para comer en El Cairo!!! o eso nos pareció, parece que el egipcio medio no sale mucho a comer así que hay solo lugares de comida rápida (KFC) o los exclusivos restaurantes en El Nilo. Así que sin almorzar encaramos el museo. Estuvimos las dos al borde de la lipotimia pero la pasión de Ahmed logró captar nuestra atención y recorrimos la historia egipcia antigua con pasión y muchas preguntas.



1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Los taxis son una aventura en el cairo. Manejan como locos y van MUY RAPIDO.

6:53 AM  

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