Thursday, October 13, 2005

Lo último del cuaderno

10/9/2005

Retomo 6 días despues y en el final de mi viaje.

Estoy en el aeropuerto de Madrid....

Un momento!... ¿Qué hago en Madrid? ¿No volvía el 9 yo?

Viajes... Así son.

Ya llegaremos al final y a las respuestas a estas preguntas. Mientras tanto, voy a tratar de ir en orden y de recordar algunos detalles.

Salí de Eilat, finalmente, a las 14 hs después de esperar casi 6 en la terminal. El muchacho de la trafic nos llevó a Tel Aviv, lo que quiere decir que cruzamos una buena parte de Israel.

Israel es muy diferente de lo que imaginé, me dieron muchas ganas de dedicarle un futuro viaje. Por suerte en el trayecto pude ver el Mar Muerto desde lejos y luego de cruzar desiertos y ciudades, de comer una pita con un queso parecido al feta en un campamento beduino, de pasar por Tel Aviv y de tomar otra Trafic llegué a Jerusalem.

Eran las 20 hs y parecían las 3 de la mañana. Sin transporte público y con la gente en sus casas celebrando el año nuevo, la ciudad era casi fantasma.

Conseguir alojamiento fue otra odisea de caminatas (mochila al hombro), taxis y muy mal humor.

Primero tomé un taxi hasta un hostel que no existía y al cuál me mandó una compañera de trafic bastante prejuiciosa que dijo: "por el ramadam, la ciudad vieja está llena de musulmanes, muy peligroso" (dios mio! como pueden vivir tan cerca y no conocerse!!!!). Creo que el lugar al que me mandó era, en realidad, un hostel de judíos ortodoxos que, obviamente, estaba cerrado!. Caminé como media hora y hasta el mismo lugar en el que me había tomado el taxi. Vale aclarar que mi mochila cargaba MUCHA más ropa de la que usé en todo el viaje.

De ahí tomé otro taxi, decidida a irme a la ciudad vieja. Llegué a un hostel que quedaba en el 1/4 arabe (como ya dije, todo vestigio de inteligencia estaba dormido en este tramo de mi viaje y no me llamó la atención que tenía que entrar a la ciudad vieja por "Damascous Gate" ni que el hostel se llamara algo así como "Ha Shimi"). Luego de esperar un rato vino un señor descalzo y con barba cuadrada y larga que me miró con bastante desconfianza porque estaba sola. El señor me explicó que por el ramadam no habría desayuno y me dió la excusa perfecta para volar de ahí (ningún hostel en la ciudad vieja ofrece desayuno, descubrí después).

Salí por la misma puerta que había usado para entrar en la ciudad vieja y tomé otro taxi hasta Jaffa Gate (después descubrí que estaba a unos 200 metros en realidad) y, finalmente, tomé un cuarto individual en el Citadel Hostel que estaba recomendado en casi todos los sitios de internet. El lugar era inmundo!!! Los baños estaban sucios, las habitaciones llenas de polvo (de hecho me cambié de habitación) y de las paredes de piedra (el edificio tiene mas de 700 años y es muy lindo para ver) llovían piedritas todo el tiempo. Estaba tan cansada que ya no me importaba nada. Obviamente, cuando me desperté a las 9 de la mañana, armé mi mochila muy rapidamente y salí corriendo de ahí. A unos 10 metros estaba el Lutheran Hostel que era limpio, tenía jardín y un aire a antiguo convento muy encantador. El día había empezado bien.

Sólo me quedaba un día y medio para ver Jerusalem y, ya de buen humor, me fui directo al Muro de los Lamentos.

El Muro es bastante más chico de lo que creí pero es sencillamente IMPRESIONANTE. Nunca creí que me podía emocionar tanto. Tanta energía puesta ahí, tanta fe en un sólo lugar. Se me hizo un nudo en la garganta. Me senté cerca del sector de las mujeres y empecé a escribir los deseos en pequeños papelitos, para mi, para gente que quiero. Me acerqué al muro y busqué los espacios y grietas para dejarlos. Fue una experiencia fuerte y muy emotiva.

El resto de la mañana la dediqué a perderme en la ciudad vieja. Jerusalem es alucinante y, una vez más, cuesta encontrar las plabras justas. La ciudad vieja está completamente quedada en el tiempo y ver pasar religiosos de todas las religiones le da una magia dificil de describir. Caminar e ir pasando de un cuarto al otro, subir por esos peldaños que vieron pasar tanta gente, tantos años y tantas realidades es una experiencia única. Creo que este debe ser el único lugar en el mundo en el que judíos, árabes, armenios y cristianos conviven tan cerca y tan lejos.

Hasta acá el cuaderno, otra vez me venció el sueño de la espera en el aeropuerto de Madrid. En próximas entradas el resto del viaje, ya desde Buenos Aires.

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